sueños y premoniciones

©nigella

***

…sentía un mal agudo en el pecho.

Una tos seca, de aire de montaña.

Un dolor diminuto que crecía verde.

Una punzada abriendo paso a la sangre.

Un abeto crecía arraigado en mi pulmón.

***

Caía desde la terraza del lavadero.

Cinco pisos más abajo, el patio de un colegio de monjas.

Las cuerdas de los tendederos amortiguaban la temida defenestración

mientras la luna llena extendía una alfombra a la altura del entresuelo.

Rebotaba, recuperaba el equilibrio y remontaba el cauce de luz.

***

Comía, con mi familia, en una mesa impecablemente dispuesta,

en medio de una calle desierta por la que rodaban

bolas de matorral seco.

Como en las películas del Oeste,

esas calles donde se matan a tiros.

Todos los comensales éramos cadáveres.

***


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